2024-11-02
Sembrar promesas: la agricultura en Israel y la profecía bíblica

La tierra de Israel, descrita durante mucho tiempo como árida e inhóspita, experimenta desde hace más de un siglo un renacimiento agrícola de una amplitud remarkable. Donde los viajeros del siglo XIX solo veían pantanos y desiertos, se extienden hoy viñedos exuberantes, huertos fértiles y campos de trigo dorado. Esta metamorfosis no es fruto del azar: es el resultado de esfuerzos pacientes, innovaciones tecnológicas y una determinación inquebrantable de hacer florecer nuevamente una tierra que la Biblia llama "tierra donde fluyen la leche y la miel".
Los profetas bíblicos habían anunciado este renacimiento con una precisión asombrosa. Isaías describía el desierto que se alegraría, la estepa que florecería como un narciso. Ezequiel profetizaba que los montes de Israel darían sus ramas y llevarían sus frutos para el pueblo de Dios. Estos textos, redactados hace casi tres mil años, describen con una exactitud sorprendente lo que viven hoy los agricultores israelíes en las colinas de Galilea, Judea y el Néguev.
El desarrollo de la agricultura israelí moderna se ha apoyado en innovaciones de vanguardia: el riego por goteo, inventado en Israel en los años 1960, revolucionó la agricultura mundial al permitir cultivar en regiones semiáridas con una eficiencia hídrica sin precedentes. La desalinización del agua de mar, el reciclaje de aguas residuales (Israel recicla más del 90% de su agua) y la selección de variedades resistentes a la sequía han transformado el desierto en tierra productiva.
Más allá de la hazaña técnica, este renacimiento agrícola lleva una dimensión espiritual profunda. Para los cristianos que apoyan a Israel, ver la tierra florecer nuevamente es la confirmación tangible de que las promesas bíblicas no son palabras vanas. Se encarnan en el suelo, en el fruto de la vid, en el grano cosechado. Cada vendimia, cada cosecha es un testimonio vivo de la fidelidad de Dios a su pueblo y a su tierra.
Para Jubileo, apoyar esta tierra es participar en una historia que va mucho más allá de la agricultura. Es honrar una promesa antigua mientras se prepara el futuro. Nuestros vinos, nacidos de los viñedos de Galilea y Judea, son el fruto directo de esta tierra restaurada. Cada botella cuenta la historia de un desierto que floreció, de una tierra que encontró nuevamente su vocación, de un pueblo que replantó sus viñas en las colinas donde el rey David cantaba las alabanzas de Dios.
Los viñedos de Galilea, en particular, ilustran esta alianza entre tradición bíblica y modernidad. Plantados en suelos volcánicos y calizos, bañados por el aire fresco de los montes de Galilea, producen vinos reconocidos internacionalmente por su calidad. Los vinicultores israelíes han sabido casar las técnicas más avanzadas con un respeto profundo del terruño, devolviendo vida a una tradición vinícola que se remonta a la época del Templo.
"Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá abundantemente y se gozará" (Isaías 35:1-2). Estas palabras, leídas a la luz de la agricultura israelí contemporánea, adquieren un relieve extraordinario. Ya no son una promesa lejana: son una realidad observable, medible, que se puede saborear en el fruto de la vid.
Al apoyar a Jubileo, usted participa en esta obra de restauración. Ayuda a mantener una presencia cristiana en esta tierra, a apoyar a los agricultores que la hacen fructificar y a transmitir a las generaciones futuras el testimonio vivo de que la Palabra de Dios se cumple, día tras día, en el suelo de Israel.
