2024-09-20
La redención bíblica de la tierra: de Abraham al Israel moderno

Desde la promesa hecha a Abraham hasta nuestros días, la tierra ocupa un lugar central en la narrativa bíblica. Es don, herencia y signo de fidelidad. Cuando Dios llama a Abraham a dejar su país para ir a una tierra que Él le mostrará, no le promete solo una descendencia numerosa: le promete una tierra. Esta doble promesa — un pueblo y una tierra — constituye la base de la alianza bíblica.
A lo largo del Antiguo Testamento, la tierra de Israel se presenta como un don sagrado. No pertenece al pueblo sino a Dios, que la confía a Israel en prenda. Por eso el Jubileo bíblico, del que nuestra asociación toma su nombre, dispone que la tierra vuelva a sus propietarios originales cada cincuenta años: para recordar que la tierra pertenece a Dios y que el hombre es solo su guardián.
La historia de esta tierra está marcada por ciclos de posesión, pérdida y restauración. Los israelitas conquistaron la tierra bajo Josué, la perdieron durante el exilio a Babilonia, la recuperaron al volver del exilio, la perdieron nuevamente con la destrucción del Templo en el año 70 d.C. y la dispersión del pueblo judío por el mundo. Durante casi dos mil años, la tierra esperó el retorno de su pueblo.
El retorno del pueblo judío a su tierra en el siglo XX es un evento sin precedentes en la historia humana. Ningún otro pueblo ha conservado su identidad y su vínculo con una tierra durante dos milenios de exilio, para finalmente regresar. Para los cristianos que leen la Biblia con atención, este evento resuena con las profecías de Ezequiel que describen los huesos secos que se reúnen y vuelven a la vida, simbolizando el retorno de Israel a su tierra.
Comprender esta continuidad ilumina el compromiso de Jubileo: servir a Tierra Santa es formar parte de una larga cadena de transmisión. No somos simplemente una asociación caritativa más: participamos en una narrativa que comenzó con Abraham y continúa hoy. Cada acción, cada apoyo, cada producto vendido es un eslabón de esta cadena.
La tierra de Israel no es un territorio como los demás. Es el escenario de la revelación divina, el lugar donde el Verbo se hizo carne. Jesucristo caminó por esta tierra, enseñó en sus sinagogas, oró en sus colinas. Al apoyar esta tierra, honramos no solo la herencia de la Antigua Alianza sino también las raíces de la Nueva.
Nuestros pergaminos, caligrafiados a mano en Jerusalén, llevan esta memoria. Cada versículo inscrito en el pergamino es un fragmento de la Palabra de Dios, arraigado en la tierra donde fue pronunciado. Nuestros vinos, de las viñas de Galilea, son el fruto de una tierra que presenció los milagros de Jesús en Caná, donde el agua se convirtió en vino, símbolo de la alianza nueva y eterna.
"Del Señor es la tierra y su plenitud" (Salmo 24:1). Al apoyar a Jubileo, usted participa en la obra de redención de esta tierra, ayudando a quienes la hacen fructificar y que testimonian, con su presencia y su trabajo, que las promesas de Dios son eternas.
