2024-10-15
Restaurar la tierra, restaurar la fe

Tierra Santa no es solo un lugar de memoria: es un espacio vivo donde la fe se reaviva a cada paso. Caminar por los senderos de Galilea, tocar las piedras de Jerusalén, orar en el Huerto de Getsemaní — estas experiencias transforman la lectura de las Escrituras. La Biblia deja de ser un texto abstracto para convertirse en una narrativa arraigada en un suelo real, en colinas reales, en ciudades reales.
Desde el siglo XIX, el redescubrimiento arqueológico de Tierra Santa ha enriquecido considerablemente la comprensión de los textos bíblicos. Las excavaciones en Jerusalén, Cafarnaúm, Meguido o Qumrán han sacado a la luz vestigios que confirman el arraigo histórico de los relatos bíblicos. Estos descubrimientos no son simples curiosidades científicas: fortalecen la fe al mostrar que las Escrituras describen eventos reales, ocurridos en lugares que aún se pueden visitar hoy.
Para los cristianos de todo el mundo, el vínculo con Tierra Santa no es solo afectivo o histórico: es teológico. La tierra de Israel es el lugar donde Dios eligió revelarse, donde los patriarcas recibieron las promesas, donde los profetas anunciaron al Mesías, y donde Jesucristo vivió, enseñó, sufrió y resucitó. cada parcela de esta tierra lleva la huella de un encuentro entre Dios y la humanidad.
La presencia cristiana en Tierra Santa, aunque minoritaria hoy, sigue siendo esencial. Las comunidades franciscanas, ortodoxas, armenias y otros guardianes de los lugares santos mantienen una presencia orante y fiel desde hace siglos. Jubileo se inscribe en esta larga tradición apoyando a los artesanos, vinicultores y creadores que viven de esta tierra y que testimonian, con su trabajo diario, la vitalidad de la fe cristiana en Israel.
Restaurar la tierra es también restaurar la fe. Cuando se planta una vid en Galilea, cuando se caligrafiá un pergamino en Jerusalén, no se hace solo un gesto económico o cultural: se realiza un acto espiritual. Se afirma que esta tierra está viva, que la Palabra pronunciada allí sigue dando fruto, y que las promesas de Dios no han caducado.
Los peregrinos que regresan de Tierra Santa lo dicen a menudo: su lectura de la Biblia ha cambiado. Los salmos que evocan los montes de Sión, los evangelios que describen las orillas del lago de Tiberíades, las epístolas que hablan de Jerusalén — todo adquiere una dimensión nueva. La tierra se convierte en un comentario vivo de la Escritura, un quinto evangelio en cierto modo.
Jubileo trabaja para preservar estos lugares y transmitir su significado, para que las generaciones futuras puedan a su vez echar raíces en ellos. Cada producto que ofrecemos — vino, pergamino, objeto artesanal — es un fragmento de esta tierra, un testimonio tangible de que la fe cristiana no es una abstracción desencarnada, sino una realidad que se encarna en el suelo, en el fruto de la vid, en la tinta caligrafiada sobre el pergamino.
Apoyar a Jubileo es participar en esta obra de restauración. Es ayudar a mantener viva la llama de la fe en la tierra donde nació, y testimoniar que la Palabra de Dios sigue encarnándose hoy, en las colinas de Galilea como en las calles de Jerusalén.
